Los dos problemas fundamentales en el cultivo de las hortalizas son la hernia de las coles y la heterodera de las patatas, que se presentan con relativa facilidad si se plantan, tanto unas como otras, año tras año en la misma tierra. Ésta es la razón primaria de la rotación anual, aunque haya también otros cultivos que se beneficien de cambiar de bancales en años sucesivos.
La planificación de un ciclo de rotación es un tema complejo por cuanto hay que tener en cuenta si el estado del suelo, después de haber alzado un cultivo, resulta de verdad apropiado para el siguiente. Existen cuatro reglas que recomiendo seguir en este punto. Primera, mientras las patatas necesitan un suelo bien estercolado, las plantas de raíz tienden a horquillarse en esas condiciones; por eso en el ciclo de rotación hay que procurar tener las patatas lo más lejos posible de las plantas de raíz. Segunda, los guisantes y las judías —las leguminosas en general— gustan de suelos bien encalados pero no así las patatas, por lo que debe evitarse cultivar éstas inmediatamente después de las primeras. Tercera, a las coles les gusta la cal, pero sólo si ha estado en el suelo durante algún tiempo, por lo que lo mejor es plantarlas después de las Leguminosas, para que aquélla haya tenido tiempo de incorporarse a la tierra por si misma. Cuarta, a lo que denomino plantas varias (tomates de exterior, melones, las diversas pepónides, lechugas, rábanos, etc.) les conviene una buena cobertura de compost fermentado que, a su vez, también favorece a los cultivos de raíz: de hecho, elimina el problema del ahorquillado.
Asi, pues, conviene sembrar las plantas de raíz después de la fase de los cultivos variados.











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