Hay seis sistemas principales para conservar los alimentos:
Salazón:
La sal elimina algo de la humedad de las hortalizas, con lo que inhibe la actividad de los agentes de la putrefacción. También repele a las bacterias que no son amigas de la sal.
Éste es uno de los procedimientos más sencillos para conservar hortalizas, frutas y plantas aromáticas.
El arte de salar alimentos reviste la mayor importancia para un hortelano. Es el mejor sistema para conservar las judías verdes: saben mucho mejor que congeladas; en realidad, casi no se las distingue de las frescas.
Las principales causas de la putrefacción de los alimentos son cuatro:
Enzimas:
Son sustancias químicas naturales que hay en la mayoría de las plantas. En el transcurso de cierto período de tiempo pueden causar cambios que estropean los alimentos. No actúan sobre las materias congeladas y quedan destruidas por las temperaturas superiores a 60 °C.
El principio del embotellado es muy sencillo. Se calientan los productos en tarros esterilizados, se cierran éstos herméticamente, y se vuelven a calentar para matar a cualquier organismo viviente que haya podido entrar.
La finalidad del hortelano autosufíciente es gozar, tanto él como su familia, de una dieta rica, variada y de buena calidad, a lo largo de todo el año. Ello implica la necesidad de almacenar buena parte de la producción del huerto, para lo cual habrá que recurrir a algún tipo de elaboración si se quiere que esos productos se conserven en buen estado durante cierto tiempo.

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