Con un cultivo, una recolección y un almacenamiento cuidadosos no ha de faltar en la cocina en ninguna época del año el ingrediente más importante, la cebolla. Pero la enorme cantidad de consejos contradictorios sobre el tema resulta a veces abrumadora. Las cebollas se cultivan desde hace siglos y cada hortelano tiene su téc­nica especial. De hecho, las épocas y el método de hacerlo depen­den en gran medida del lugar donde se viva.

Suelo y clima:
Las cebollas necesitan un suelo bueno y rico. Sirven la tierra franca arenosa, la turba y el limo pero rechazan la arcilla, la arena o la grava. Prosperan en multitud de climas diferentes aunque los pre-fieren frescos mientras desarrollan las hojas y después mucho más calurosos al formar los bulbos.

Tratamiento del suelo:
Las cebollas tienen raíces muy superficiales y crecen con rapidez, por lo que necesitan un sustento abundante en los 10 cm superficiales del suelo.”Hay que estercolar bien el bancal en el otoño pre cedente con material maduro o. mejor todavía con una gran canti dad de compost bien descompuesto. Les gusta la abundancia de potasio y de fósforo pero no el exceso de nitrógeno. Conviene aña­dir al terreno lo siguiente: cenizas de madera, fosfatos minerales molidos, hollín, harina de algas y sal. El pH deberá ser de 6. Si es inferior hay que encalar.

Antes del trasplante se afirma el terreno, para lo cual se pisa o se pasa un rodillo, de preferencia ambas cosas. Debe estar además seco siempre que se siembre o trasplante.

Multiplicación:
Si alguien de la vecindad cultiva cebollas con gran éxito, conviene consultarle. Existen cuatro posibilidades.
Siembra de finales del estío: Con ello se pretende que los bulbos se formen a principios de la primavera, antes de que el calor los haga abrir, y dejarlos madurar durante el verano. Las semillas se siem­bran bien espaciadas en surcos superficiales, se cubren con 1.5 cm de compost y se aprieta el terreno. Si el invierno es muy crudo se colocan túneles durante las peores épocas. Se aclaran en primavera a 15 cm y las plantitas aclaradas se consumen en ensalada.
Siembra invernal: En las regiones azotadas por heladas muy inten­sas es mejor sembrar en interior a mediados del invierno para hacer el trasplante en primavera, tan pronto como el terreno esté suficientemente seco. Se siembran unas pocas en semilleros de caja llenos con algún compost especial o con una mezcla de tres partes de tierra franca tamizada, una de mantillo, una de compost fino y algo de arena. Debe mantenerse húmedo pero no mojado y cubierto con vidrio o papel. Cuando aparecen los brotes se quita la cubierta y se mantiene la caja a unos 19 “C cerca de una ventana. Cuando la segunda hoja mide 1.5 cm de largo se repican las plantitas en otra caja y se las separa 5 cm. Se usa aquí la misma mezcla de compost aunque se añade una parte de estiércol maduro. Se va endureciendo a las plantas de modo gradual hasta dejarlas al aire libre, en lugar resguardado, durante la última helada. Las plantitas se trasplantan en primavera. Conviene dejar el bancal permanente sin labor hasta el último momento para que se seque el suelo. Antes de plantar se pasa el rastrillo hasta dejarlo tan fino como polvo y se apisona a continuación.
Siembra de primavera: Conviene sólo cuando los veranos son fres eos y húmedos y no se pueden almacenar los bulbos. Se siembra al aire libre igual que cuando se hace a finales del verano y se aclara después a 10 cm cuando alcanzan tamaño suficiente para ello: los ejemplares arrancados se usan para ensalada.
Bulbos: Si se prefiere sembrar bulbos en lugar de semillas la mejor época para hacerlo en los climas templados es en primavera. Se hacen hoyos cada 15 cm -con bancal profundo cada 10 cm— a lo largo de una línea, se introduce un bulbo en cada uno de ellos y se aprieta la tierra a su alrededor para que quede firme. Yo los entierro por completo de modo que el ápice quede por debajo de la superficie y los pájaros no puedan arrancarlos.

Cuidados durante el crecimiento:
Lo más importante es mantener a las cebollas libres de malas hier bas. En las etapas finales las beneficia un acolchado que se hace en ocasiones con malezas arrancadas. Si las cebollas florecen, se des puntan los escupos cuando son pequeños.

Plagas y enfermedades:
Mosca de la cebolla: Las larvas de esta mosca son una de las peores plagas que afectan a esta especie pues detienen su crecimiento. Devoran los bulbos de los plantones. Las más afectadas son las cebollas sembradas en primavera pero apenas ataca a las obtenidas de bulbo. Para repeler a la mosca y sus larvas hay que espolvorear las plantas con flor de azufre o con hollín, o bien aplicar 28 g de parafina disueltos en 4.5 litros de agua. Se hará con regularidad, en especial durante el aclarado.
Mildiu: Se produce sobre todo durante las estaciones húmedas y produce rayas grises o de color púrpura sobre las hojas. Si aparece hay que rociar con caldo bórdeles.
Heterodera: Estos gusanos microscópicos hacen que se marchiten los vértices de las cebollas. Hay que quemar todas las plantas afectadas y durante seis años no se podrán cultivar cebollas en esa misma tierra, ni permitir tampoco que crezcan pamplinas en ella, pues también albergan esa plaga.
Podredumbre del cuello: Esta  enfermedad  ataca a las cebollas almacenadas. Se forma un moho gris en la piel y los corazones se vuelven pardos más tarde. Para prevenirla hay que secar bien las cebollas después de  recolectarlas,  y almacenarlas en un lugar fresco y aireado.
Tizón de la cebolla: Aparecen ampollas negras en tallos y bulbos. Si hace su aparición en el huerto, hay que regar el cultivo en el momento de la siembra con una solución preparada con 0.5 litro de formalina y 18 litros de agua. Pero es una enfermedad poco comente.

Recolección y almacenamiento:

Vale la pena doblar los ápices de las cebollas cuando dejan de crecer. Así se estimula su maduración. Se las desentierra en un día seco y tibio del otoño y se las deja secar al sol durante una o dos semanas. No debe dañarse la piel pues se pudrirían. En las regiones húmedas se las coloca en redes metálicas después de recogerlas —puede servir un viejo somier— para que no estén en contacto con el suelo. Si llueve, hay que ponerlas a cubierto. Es vital que se sequen bien. Una vez secas lo más apropiado es atarlas en ristras con un cordel. Si no, se las coloca en capas en un lugar fresco y aireado. No deben quedar expuestas a heladas intensas pero es mejor que pasen frío en vez de calor. Si se cuelga una ristra en la cocina hay que consumirla antes de que se pudra.

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