No pertenece, en realidad, a la familia de las Quenopodiáceas, pero se parece lo bastante como para mencionarla aquí. No tiene el ele­vado contenido en ácido oxálico propio de la verdadera espinaca, por lo que sus valores nutritivos son más aprovechables. Es menos resistente a las heladas que la espinaca común y debe cultivarse en verano. En los climas muy cálidos resiste el calor mucho mejor que la otra, pero requiere protección contra el sol.

No debe sembrarse hasta pasado el peligro de toda helada. Se cultiva en hileras separadas 1.2 m en buen terreno, o a una distan­cia menor en terreno pobre. Cuando se siembra directamente en bancal profundo crece muy bien. Antes de la siembra conviene dejar en remojo las semillas por espacio de unas veinticuatro horas; de lo contrario, tardan más tiempo en germinar. Se ponen dos semillas en cada sitio y se eliminan más tarde las dos más débi­les. En lo demás se la trata igual que a la verdadera espinaca.

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