Las judías pintas, escarlatas o de España. que todos estos nombres se les da. Fueron traídas a Europa desde America en el siglo XVII por gentes que las apreciaban más por su valor decorativo que por el nutritivo. El hecho de que reúna ambas cualidades las hace idea­les para el huerto a pequeña escala.

Suelo y clima:
La judía pinta no resiste los hielos y prefiere un clima cálido y soleado, aunque esto no sea esencial. En los lugares calurosos sobrevive al invierno enterrada y revive en primavera como una perenne. En climas fríos se la siembra en interior en macetas de turba y pasadas las últimas heladas se trasplanta fuera. Necesita mucha humedad en sus raíces y las flores no aparecen si no reciben de vez en cuando un chaparrón o una rociada con la manguera. Se desarrolla en la mayoría de los suelos pero prefiere los ricos: la abundancia de humus y humedad le favorece. Rechaza los sue­los ácidos. Lo ideal es un pH de 6,5. De lo contrario habrá que encalar.

Tratamiento del suelo:
El método clásico es trazar una zanja honda en otoño o invierno y llenarla de estiércol o compost, o bien utilizarla para echar en ella los desperdicios de la cocina o cualquier otra materia orgánica que se encuentre. Se la cubre en primavera con tierra y se planta enci­ma. El compost, o la sustancia que se haya aplicado, habrá dismi­nuido de volumen al pudrirse por lo que queda una ligera depresión en donde se remansa y penetra el agua, que tanto les gusta. Si no se hace esa zanja hay que cavar en profundidad y llenarla de compost abundante.

Multiplicación:
Si se quiere judías tempranas se siembran en invernadero dentro de macetas con turba, o en una ventana soleada, a principios de abril. Una temperatura de unos 13 °C es muy adecuada. La mayoria de la gente lo hace directamente al aire libre durante el mes de mayo cuando ya han pasado las heladas. Yo trazo dos surcos separados 30 cm y siembro las semillas a 8 cm de profundidad distanciadas 25 cm. Con el método del bancal profundo hay que plantar una hilera de modo que todas las judías reciban sol en abundancia. La distancia de separación no deberá ser menor.

Cuidados durante el crecimiento:
Se deshierba, se riega cuando el tiempo es seco y antes de que alcancen una altura de algunos decímetros se colocan rodrigones de al menos 2 m de altura. Trepan hasta 3,5 m si se les proporciona un soporte lo suficientemente alto. Cuantas más judías haya, mejor, y para recogerlas basta con subirse a una caja. Las estacas se colocan cuando se han abierto por completo dos hojas verdade­ras. Existen diversos métodos para dirigir el crecimiento de las judías pintas. Siempre que se disponga de espacio abundante, sufi­ciente para dos hileras, se usan palos de bambú o cañas similares a las empleadas para los guisantes, aunque más largas. Se forman así hileras de palos cruzados que se unen por encima de las judías. Se les ata en el punto de unión y se pone una caña en horizontal. Si se dispone de poco espacio se colocan en círculo y unidos en el cen­tro, a modo de tienda india (creo que esto es mejor que utilizar variedades enanas en un espacio pequeño). Otro método es plantar las semillas a lo largo de la base de un muro y hacer que trepen luego por él. Me gusta ver un muro de hermosas judías pintas que sólo da sombra a las plantas que lo necesitan (muchas especies, por ejemplo, las lechugas, crecen bien a la sombra) y que tapan las par­tes “feas” del huerto.

Si salen las flores durante una época seca se las rocía con agua, a ser posible no demasiado fresca. Esto ayuda a mantenerlas.

Plagas y enfermedades:
Con un buen suelo orgánico son pocas las posibilidades de tener problemas en este sentido, aunque puede presentarse alguno de los siguientes.
Antracnosis: Es una enfermedad producida por hongos y que hace aparecer manchas negras sobre las vainas de las judías pintas y verdes. Al primer signo de la enfermedad se rocían las plantas con caldo bórdeles, pero si ya está en un estado muy avanzado hay que  arrancarlas y quemarlas. No deben guardarse nunca semillas de los ejemplares atacados.
Grasa de las judías: Causada por una bacteria da lugar a manchas semitransparentes rodeadas de un halo amarillo sobre las hojas. Hay que rociar con caldo bórdeles. No deben guardarse semillas para el año siguiente y si se tiene alguna duda sobre ellas es mejor no remojarlas antes de plantarlas.
Mosaico: Se presenta en forma de manchas amarillas sobre las hojas. El agente causante vive sobre el trébol por lo cual no con­ viene plantar judías en terrenos en los que se ha picado y enterrado el trébol viejo. Las plantas enfermas se arrancan y queman.
Escarabajo mexicano de la judía: No es todavía muy abundante en Europa. Es de color marrón con manchas y de tamaño algo mayor que una mariquita. Si las judías que se cultivan sufren su ataque es más frecuente que afecte a la cosecha principal que a la temprana. Por eso habrá que iniciar la primera lo antes posible. En caso de ataque se recogen y matan tantos escarabajos como se pueda.

Recolección y almacenamiento:
Las judías, lo mismo que los guisantes, se recolectan con ambas manos. Con una se sujeta la planta y con la otra la vaina. Se reco­lecta según el principio de “recogida continua”. Se comienza cuando son todavía jóvenes y tiernas; el envejecer en la planta no les causa ningún mal. Si se hace una recogida permanente nacen también de modo continuo: se trata de uno de los cultivos más ge­neroso.

Si no es posible consumirlas todas se las sala. Aun­que esto sólo se hará cuando son jóvenes y tiernas.

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