Los guisantes, habas, judías pintas, judías verdes, judiones, habas de soja y cacahuetes son miembros de la familia de las Leguminosas. Para quien quiera cultivar el máximo posible de sus alimentos en el huerto propio esta familia es, con toda seguridad, la más útil de todas. En primer lugar, proporciona más proteínas que ninguna otra. Es difícil que un vegetariano o cualquiera que quiera ser por completo autosuficiente sin mucha carne, pueda subsistir en buen estado de salud sin Legu­minosas.

Otra cosa útil que tienen, es su capacidad de fijar el nitrógeno. A los horticultores orgánicos no les gusta gastarse el dinero en costosos abonos nitrogenados (que acaban por tornar perezoso al suelo al privarle de su capacidad para elaborarlo) pues los guisantes, las judías y el trébol les dan la respuesta. Las leguminosas son las plantas que fijan el nitrógeno en los nodulos de sus raíces. Basta con extraer una planta sana y examinar sus raíces. Se advierten en ellas pequeños nodulos que, partidos y observados con un microscopio potente, permiten ver bacterias. Viven en simbiosis con la planta. Ésta les alimenta con todo lo que necesitan menos el nitrógeno: ellas fijan el del aire (lo combinan con oxígeno y forman nitratos) y lo utilizan para alimentarse a sí mismas y a la planta que las alberga.

Si se cultivan leguminosas y se las pica y entierra cuando están lozanas y verdes (en el período de flora­ción) se descomponen con gran rapidez con lo cual faci­litan su nitrógeno a las bacterias de la putrefacción que es liberado más tarde en el suelo. Por esta razón merece la pena cultivar trébol. Si se incorporan las Legumino­sas al montón de compost ejercen el mismo efecto bene­ficioso. Si se tiene una pradera y se añaden nitratos se estimula el desarrollo de las gramíneas pero se suprime el trébol. Si lo que se añade son fosfatos se estimula al trébol a expensas de las gramíneas.

Las leguminosas deberían ocupar como mínimo la cuarta parte del terreno sembrado cada año, y no es perjudicial en absoluto aumentar esa cantidad. No son plantas acidófilas por lo que si el suelo es ácido habrá que añadir cal. Les gusta también el fosfato y la potasa. Pero en un buen terreno, al que se ha añadido durante años estiércol o compost y en el que se han corregido las deficiencias graves de cal, fosfato o potasa, se culti­van perfectamente los guisantes y las judías sin necesi­dad de añadir nada más.

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