17 marzo, 2011

Excavación con pala y laya

Escrito por : Miguel

Incluso aunque el huerto adquirido esté en buenas con­diciones es necesario remover la tierra. Pero no debe hacerse porque sí, sino de modo superficial y con moderación. Ya se cavará más en profundidad cuando se cultiven patatas, apio u otras hortalizas que crecen en surcos o en caballones. Es necesario esponjar la tierra hasta una cierta profundidad para las especies de raíz como la chirivía o las zanahorias, pero puede hacerse sin necesidad de invertir el suelo: con una laya y levantando hacia arriba. Para las especies de raíz poco pro­funda basta con voltear los 10 cm superficiales del suelo. El tiempo empleado en una excavación completa es tiempo perdido y resulta de hecho contraproducente. La herramienta básica necesaria para cavar es, desde luego, la pala. Las de acero inoxidable son excelentes pero muy caras, y no creo que esté justificado el gasto por lo que puede utilizarse una normal. Existen dos tipos de pala: la pala de punta, con la hoja en forma de corazón y mango largo, y la pala común de hoja rectangular y mango más corto que tiene forma de “T” o “D” en su extremo (el mango en “D” es el más cómodo para cavar). Prefiero la primera; con ella, y sin necesidad de arquear demasiado la espalda, se trabaja con comodidad y rapidez a lo largo de un surco de patatas, por ejemplo, o se cava una zanja para apios; resulta además mucho mejor para hacer agujeros. Sin embargo, para una excavación de precisión la pala común es más adecuada: con la de punta es difícil cavar en vertical, ya que la hoja forma ángulo por naturaleza. Para excavar zanjas o un ban­cal profundo recomiendo la pala común para voltear la parte superior, y la de punta para mullir la tierra. Para cavar en tierra dura lo mejor es triturarla pri­mero con un pico y retirarla con una pala más grande y de bordes curvos. Si se observa a un hortelano profesio­nal se verá que la rodilla derecha empuja la mano dere­cha para hacer penetrar la pala en el suelo. Los hortelanos experimentados suelen utilizar una laya dentada en lugar de la pala. Las ventajas son que es más rápida, rompe los posibles terrones y se clava con mayor facilidad. Si existe una invasión de malezas de raíz reptante tales como hierba rastrera, enredaderas o convólvulos, la laya resulta excelente para arrancar las. Huelga decir asimismo que la laya es mejor que la pala para desarraigar cultivos de raíz (la de patatas tiene púas planas para desprender los tubérculos engan­chados). La horca de estiércol tiene tres púas de manera que el estiércol pasa con facilidad entre la tierra en cuanto que se la agita. En realidad, la pala no es impres­cindible más que para roturar un prado, remover tierra arcillosa y cavar en suelo arenoso ligero.

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Herramientas de escarda

Escrito por : Miguel

Las malas hierbas están en una posición ecológica fuerte: la naturaleza les ha hecho evolucionar para ocupar el lugar en donde se encuentran. Las especies culti­vadas, por el contrario, han evolucionado de la mano del hombre para producir alimentos y el resultado ha sido que su capacidad de supervivencia ha disminuido. No hay que hacer caso a la gente que dice que hay que tolerar las malezas entre los cultivos. Ninguno rinde al máximo cuando compite con las malas hierbas.

Por el contrario, si se deja el terreno en barbecho y no se plantan especies de abono verde para aumentar la fertilidad, las malas hierbas se encargan de esta tarea. En tales circunstancias hay que dejarlas crecer pero nunca que produzcan semillas. “Un año de semilla son siete años de plaga”. Hay que enterrarlas antes de que lo hagan.

E! método usual de destruir las malezas es con la azada. El secreto está en hacerlo antes de que asomen o poco después. Hay que usar la azada con regularidad. Se tarda poco en pasar la azada por un trozo de terreno casi desnudo, pero sí todo está invadido de malezas el trabajo es ímprobo.

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Enfermedades criptogámicas

Escrito por : Miguel

Es posible cultivar toda la vida el huerto sin necesidad de usar ni una sola solución fungicida y a pesar de ello lograr buenas cosechas. Pero hay veces en que el mejor planteamiento orgánico no es suficiente para proteger las patatas, los tomates o incluso los frutales jóvenes. Caldo bórdeles. Hay años en los que la roya llega a reducir a menos de la mitad la cosecha de patatas. Para reducir el daño al mínimo se utiliza el caldo mezcla bór­deles que se prepara disolviendo 225 g de sulfato de cobre en 23 1 de agua.

Se hace primero una “crema” de 150 g de cal apagada mezcladas con un poco de agua, que se vierte después sobre el sulfato de cobre y se hace pasar por último a través de un colador fino. La mezcla se comprueba con un cuchillo: si la hoja queda cubierta de una capa fina de cobr.e se añade más crema hasta que aquél queda disuelto por completo. Si prepara la mezcla uno mismo hay que usarla en el plazo de uno o dos días. Otra posibilidad es comprar una lata ya pre­parada en una tienda de productos químicos o de jardi­nería.

Caldo borgoñés. Para las patatas ya atacadas por la roya se utiliza el caldo borgoñés. Se prepara igual que el bórdeles excepto en que se usan 0.9 kg de sosa de blan­quear en lugar de cal apagada.

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El tamaño del huerto

Escrito por : Miguel

Ya que no hay nada parecido a un huerto de tamaño normal lo mejor es idear un plano fundamental y suponer que hay tres modelos: pequeño, mediano y grande.

Una vez decidido cuáles son las hortalizas que se quieren obtener, si existen las condiciones necesarias para su cultivo, dónde se van a emplazar las diversas cons­trucciones, todavía hay que acomodar todo en el espacio disponible.

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El método del bancal profundo

Escrito por : Miguel

Sería incapaz de publicar un libro que tratara del autoabastecimiento con el huerto en la actualidad, sin descri bir con todo detalle un nuevo método —o más bien uno muy antiguo pero ahora revivido— llamado el método chino, el método francés intensivo, el método francés intensivo/biodinámico o, como dicen sus adictos de Norteamérica, el Método. Fl término “biodinámico” utilizado en horticultura es. desde luego, tautológico, ya que todo lo que crece funciona biodinámicamente. es decir, vive y se mueve. A este método lo denomino de manera bastante simple el del bancal profundo porque lo describe con toda exactitud.

Los horticultores franceses del siglo XIX cultivaban tan cerca de París como les era posible, parcelas peque ñas de tierra escasa y valiosa. Disponían, sin embargo, de suministros ilimitados de estiércol de caballo, pues en aquella época París se desplazaba a caballo, y desarro liaron un sistema de tal productividad que no ha sido superado todavía. No es sorprendente que los hortela nos chinos, que trabajaban asimismo cerca de las ciudades y se veían obligados también a producir el máximo posible en una cantidad limitada de terreno, llegaran a las mismas soluciones que los franceses.

Alan Chadwick. actor inglés que estudió horticultura primero   con   Rudolph   Stciner   y   después   en   Kew, comenzó a experimentar en Sudáfrica el cultivo en ban cal profundo. Se trasladó a California en la década de 1960 y fundó un huerto orgánico de 1.6 hectáreas en la Universidad de Santa Cruz usando este método. Una vez montado el sistema se trasladó al valle de Round, en el norte de California, en donde dirige en la actuali dad un huerto de 2.8 hectáreas ayudado por 60 estu­diantes.   Chadwick   fue   quien   acuñó  el   nombre  de método francés intensivo/biodinámico y usó esta úl tima palabra porque se acerca a las ideas de Rudolph Steiner.

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El huerto grande

Escrito por : Miguel

Sea cual fuere el tamaño del huerto es importante recordar que hay que comenzar siempre con parcelas pequeñas. Así se adquiere experiencia para trabajar a mayor escala.

Pero incluso aunque no se utilice todo el terreno al mismo tiempo es posible hacerlo rendir sin gran esfuerzo. Nada mejora tanto la tierra como dejar que sirva de pasto para el ganado durante tres o cuatro días. Al final de este período se convierte el pastizal, poco a poco, en bancales que se van añadiendo a la rotación de los cultivos. Los pastos de hierba y trébol son buenos pero es más aconsejable plantar especies de raíz profunda como la alfalfa y la consuelda. Absorben minerales útiles de las profundidades del subsuelo y cuando se las entierra como abono verde, se las incorpora al montón de compost o simplemente se les da como pienso a las gallinas, esos minerales sirven para fertilizar el huerto. Con este método de hacer descansar la tierra se consigue también que cualquier enfermedad residual que quede en el suelo procedente de anteriores cultivos, no cause problemas al plantar las hortalizas.

Con un huerto grande es posible plantar frutales de pie alto en lugar de esas variedades enanas, en cordón o espaldera, que ahorran espacio en los huertos más pequeños. Los modernos patrones enanos es muy probable que den más fruta que un árbol bien hecho, sin embargo, pocas cosas hay tan hermosas como un huerto poblado de grandes frutales. Los ciruelos de pie alto, en especial, resultan deliciosos cuando alcanzan gran tamaño, y lo mismo debe decirse de sus frutos. De hecho, existe siempre la tentación de dejar que se hagan demasiado grandes de modo arbitrario debido a su hermoso aspecto, pero conviene recordar que esto reducirá a la postre la producción. No deben olvidarse los noga­les: la posteridad bendice siempre a quien planta uno.

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16 marzo, 2011

Guisante dulce

Escrito por : Miguel

Se cultiva esta variedad igual que los guisantes comunes. La dife­rencia estriba en que se recogen y consumen con los guisantes den­tro de su vaina ya que no tienen la membrana dura que encierra a las variedades comunes. Se comienza su recogida y consumo en cuanto las vainas miden unos 5 cm de largo y cuando los guisantes del interior son pequeños y planos.

La temporada de recolección es bastante prolongada porque dura hasta que estos últimos se vuel­ven grandes. Personalmente, prefiero los guisantes comunes, pero esta variedad merece también la pena.

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Guisante común

Escrito por : Miguel

Los primeros guisantes del verano consumidos en crudo son una de las grandes recompensas de cultivar las propias hortalizas. A finales de la temporada es posible cocinarlos y secarlos. Son una gran fuente de alimento de cualquier manera que se les prepare. Los guisantes enanos son muy convenientes para los huertos pe­queños.

Suelo y clima:
Los guisantes no son excesivamente exigentes en cuanto al suelo; los terrenos ligeros dan cosechas tempranas, los pesados, tardías.

Es mejor un limo rico que puede obtenerse de cualquier tipo de suelo mediante la aplicación de compost. En lo que respecta al clima, los guisantes no son tropicales y crecen bien en climas fres­cos y húmedos, aunque el exceso de lluvia en el momento de la maduración provoca mildiu. En las latitudes cálidas suelen culti­varse en primavera u otoño para evitar los ardores del estío. Como palntas pequeñas que son, resisten bien las heladas, por lo que en aquellos climas en que éstas no son demasiado intensas se siem­bran en otoño para que broten en primavera. Sin embargo, no cre­cen deprisa ni producen flores ni legumbres hasta la llegada de la primavera y el tiempo más templado.

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Cacahuetes

Escrito por : Miguel

Los cacahuetes son muy ricos en las vitaminas A, B y E. Se cultivan en plan intensivo en todo el sur de los Estados Unidos, pero en las islas Británicas sólo es posible hacerlo bajo vidrio al final de su temporada. Se pueden comprar muy baratos y hay tantas otras cosas necesarias en el invernadero que no merece la pena cultivar­los en los climas fríos.

Suelo y clima:
Los cacahuetes necesitan un período de crecimiento cálido de más de cuatro meses, aunque lo ideal son cinco. Prefieren suelos areno­sos y, a diferencia de otras leguminosas, gustan de suelos ácidos, con un pH de aproximadamente 5.

Tratamiento del suelo:
Hay que excavar en profundidad e incorporar una gran cantidad de compost. Los cacahuetes no deben encalarse nunca.

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Remolacha

Escrito por : Miguel

La imaginación culinaria occidental no ha ido más allá de cocer la remolacha durante varias horas y dejarla después en remojo en vinagre. Pero basta con volver la vista a Rusia y al delicioso “bors-ch” para ver lo que es posible hacer con esta hortaliza apenas aprovechada.

Suelo y clima:
Se trata de una auténtica especie de climas fríos; en las regiones calurosas hay que cultivarla en invierno, a principios de primavera o en otoño. Gusta de un suelo bien drenado, cargado de humus pero no con estiércol fresco. No se desarrolla en suelo demasiado ácido y necesita un pH de 6.5 aproximadamente.

Tratamiento del suelo:
En la rotación cuadrienal que yo aconsejo, la remolacha debe incluirse con las hortalizas de raíz. Hay que estercolar bien la tierra tres años antes para las patatas, encalar dos años antes para las leguminosas y aplicar probablemente un buen compost un año antes para las coles. El suelo debe estar bien labrado y sin demasia­das piedras.

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