Por supuesto que es posible vivir sólo a base de hortali­zas. De hecho es teóricamente posible sustentarse a base de judías, guisantes y patatas, si se tienen en canti­dad suficiente. Sin embargo, quienes no sean vegetaria­nos, podrán criar, por muy pequeña que sea la parcela, conejos o gallinas, o ambas especies a la vez. Cualquier animal que se críe, contribuirá de manera importante a la fertilidad del huerto, y a lo que hay que sumar la carne de los conejos o de los pollos y los huevos; logrará ser autosuficiente en el auténtico sentido de la palabra y estará en condiciones de producir por sí mismo la dieta variada que es común en Occidente. Los productos lácteos y la carne de los animales grandes serán casi las únicas cosas que tendrá que comprar.

Muchas gente cree que los animales les atarán, que no les permitirán irse de vacaciones o incluso ausen­tarse un fin de semana. ¿Pero qué pasa si se ponen de acuerdo con los vecinos que tengan problemas similares y se encargan de cuidarlos de manera cooperativa? Dar de comer a unos cuantos conejos y gallinas y coger los huevos es una tarea que lleva sólo unos pocos minutos cada día.

La ventaja de criar animales es enorme. Además del alimento que proporciona, casi más importante es la fertilidad que dan al huerto. Las instrucciones detalla­das para la cría de estos animales podrán encontrarse en las páginas 230 a 239.
Los capítulos de este libro en donde trato del cultivo de hortalizas y frutas los he ordenado según los grupos y las familias naturales en los que los botánicos las han clasificado. Lo he hecho así porque existe una estrecha relación entre las plantas de una misma familia. Si se acostumbra uno a pensar en las relaciones que existen entre ellas se llegará a tener una idea real de las diferentes especies.

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