El quingombó o quimbombó es una planta tropical de la familia de las Malváceas, cuyo miembro más conocido es el algodonero. Las vainas del quingombó son una hortaliza deliciosa de sabor muy suave y definido. Se las utiliza mucho en las salsas indias. Cuando las semillas están bien desarrolladas se desgranan y cocinan como los guisantes. Toda la planta resulta extraordinariamente atractiva, con grandes flores amarillas y rojas. Tres o cuatro ejemplares son suficientes para abastecer a una familia.

Suelo y clima:
En los climas frescos se cultiva en invernadero. Al aire libre requiere gran cantidad de sol en estío, por lo que no es apropiada para aquellas regiones en que los veranos suelen ser nubosos. Pero allí donde los tomates se desarrollen y den buen rendimiento a la intemperie, también el quingombó puede hacerlo. Prefiere un suelo ligero con humus abundante, pero sin exceso de abono reciente, ya que éste estimula el desarrollo excesivo de las hojas en detrimento de los frutos.

Tratamiento del suelo:
El quingombó crece especialmente bien con el método del bancal profundo y, en climas más frescos, bajo miniinvernadero también en bancal profundo. En otro caso hay que dar una cava profunda al terreno e incorporar algo de compost bien maduro. El suelo deberá tener un pH comprendido entre 6 y 7.

Multiplicación:
Se inicia a veces el desarrollo en interior, pero sólo en macetas de turba, ya que no tolera bien los trasplantes. Si se siembra al aire libre hay que esperar a que el suelo esté bien templado. Se puede acelerar este proceso colocando sobre el terreno un miniinvernadero o túnel. Las variedades enanas deben sembrarse separadas 75 cm; las variedades de mayor tamaño, a 1 m.

Cuidados durante el crecimiento:
Hay que regar de vez en cuando, pero sin empapar el terreno.

Plagas y enfermedades:
Orugas: Hay que quitarlas y pisarlas.

Recolección y almacenamiento:

La recolección se hace dos meses después de la siembra. Se cose­cha cuando las plantas son todavía jóvenes, algunos días después de la caída de las flores. Las vainas se arrancan cada dos días, haga falta o no, para que la planta produzca más; pueden conge­larse o guardarse en frascos. En Italia las colocan sobre bandejas y las dejan secar al sol. Así se conservan bien, pero son preferibles frescas. La recolección dura el mismo tiempo que el crecimiento de la planta y llega hasta los primeros hielos.

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