Tardan de tres a cuatro semanas en crecer, son ricos en hierro y en vitamina C y resultan excelentes como adición a las ensaladas. Las esquinas libres son un lugar adecuado para cultivarlos, lo mismo que las jardineras de ventana. Los rábanos invernales son de mayor tamaño y su color es negro, blanco, rojo o rojo y blanco. Prefieren un suelo mojado y rico y un clima fresco y húmedo. Ya que crecen con rapidez y se consumen enseguida no importa culti­varlos en bancales no destinados a cruciferas ya que no les da tiempo para contraer enfermedades. En los países cálidos sólo se cultivan como especie de invierno. En los climas templados crecen en primavera, verano y otoño.

Tratamiento del suelo:
Lo mismo que a la mayor parte de las Cruciferas, no les gustan los suelos ácidos, por lo que habrá que encalar en caso necesario.

Multiplicación:
Las semillas, grandes y negras, se depositan muy espaciadas en surcos superficiales y se las cubre o bien se las arroja a voleo y se pasa el rastrillo. Se siembran muy pocas cada vez pero con fre­cuencia, incluso cada quince días, de manera que uno tenga rába­nos frescos siempre que quiera. Las semillas resisten cinco años por lo que no hay que deshacerse de ellas. Si se los quiere precoces, se los intercala con otros cultivos forzados en cama caliente o en bancal profundo cubierto con cristal o plástico transparente. En el bancal profundo se siembran separadas 2.5 cm en cada dirección.

Plagas y enfermedades:
Pulguilla: Éste es el único peligro al que están expuestos. Si una llu­via intensa no los desaloja se aplicará un buen chorro de agua. Si también esto falla se aplica derris o pelitre.

Recolección:

Se cogen, se lavan y se comen. Si hay muchos se regalan pero no se los debe dejar crecer hasta volverse duros y correosos, o dar fruto. Si no se pueden comer se echan a los conejos.

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