Lo mismo que muchas otras plantas útiles, la zanahoria es bienal y almacena en su primer año lo que consumirá en el segundo en forma de semillas. Se interrumpe ese proceso al consumirlas el pri­mer año, antes de que tengan tiempo de madurar. Se han logrado variedades de maduración prolongada y lenta pero de producción abundante y otras que la tienen breve y rápida pero con rendi miento más bien parco.

El elemento constitutivo más importante de las zanahorias es el caroteno que en el cuerpo humano se transforma en vitamina A. Ninguna otra hortaliza o fruta contiene cantidades comparables de esta vitamina que, entre otras virtudes, mejora la vista; de ahí el consejo paterno a generaciones de niños: “termina las zanahorias y serás capaz de ver en la oscuridad”.

Suelo y clima:
Las zanahorias son un cultivo de climas fríos. Se siembran muy temprano en primavera en los climas templados; en otoño o invierno en los subtropicales. Es preferible que sucedan a un cul­tivo estercolado el año anterior. Un limo arenoso es ideal para ellas. La arcilla pesada no las favorece, pero se puede mejorar esta clase de suelo mediante una aplicación constante y copiosa de estiércol o compost. Dos baldes de compost y otros dos de mantillo aplicados por metro cuadrado hacen de una arcilla espesa un suelo apropiado para las zanahorias. Prefieren el terreno profundo, en particular las variedades de temporada y de producción elevada.

Tratamiento del suelo:
No debe aplicarse estiércol fresco inmediatamente antes de la siem bra ya que torna a las zanahorias correosas, aguanosas y proclives a ahorquillarse. Si el terreno es ácido hay que encalar un poco para lograr un pH de 6. Al igual que todas las hortalizas de raiz, siente apetencia por el fosfato y el potasio; con profusión de estiércol o compost se satisfacen esas necesidades pero hay que aplicarlo al menos seis meses antes de plantar las zanahorias. También se pue­den emplear el fosfato mineral y las cenizas de madera. Hay que hacer una cava profunda en el terreno y pasar después el rastrillo hasta dejar la tierra bien menuda.

Multiplicación:
Se trazan surcos de 1 cm de profundidad si se vive en clima húmedo y de 2.5 cm si el medio es más seco. Se siembran bastantes semillas, cuatro o cinco por cada 2.5 cm, ya que algunas de ellas no germinan. Con el método del bancal profundo se siembran separadas 5 cm. Las semillas en granulo (las que van recubiertas con abono de modo que forman pequeños perdigones)

dan resultados halagüeños en el caso de las zanahorias. Se distri­buyen con una sembradora de precisión con una densidad mayor de la que parece necesaria ya que la germinación es todavía más escasa que con la siembra convencional. Se las cubre después con tierra o, mejor aún, compost fino. Cuando hace tiempo seco hay que empapar bien los surcos. No hay que preocuparse si no se ven efectos inmediatos. Las zanahorias tardan mucho tiempo en bro­tar.

Vale la pena cultivarlas intercaladas con cebollas. Se dice que esto rechaza la mosca que ataca a ambas especies puesto que el olor de una neutraliza el de la otra.

Cuidados durante el crecimiento:
A las variedades tempranas a veces se las deja pulular en tierra, y se arrancan en la forma que los hortelanos llaman “en ramillete”. Son diminutas pero muy dulces.

Las zanahorias de temporada, destinadas al consumo de invierno, hay que aclararlas y ahí comienzan los problemas. En cuanto se arrancan algunas y se remueve la tierra que rodea las raí­ces, acude la mosca de la zanahoria que es capaz, según se dice, de olerías a diez kilómetros. En las regiones infestadas por esta mosca suele procederse a la entresaca en los días húmedos, preferente­mente con lluvia ligera. Una vez finalizada la operación, se aprieta con cuidado la tierra alrededor de las zanahorias que quedan. El primer aclarado se hace a 4 cm; después a 8 era. En el bancal pro­fundo se hace una sola vez a 5 cm. Los ejemplares arrancados son aptos para el consumo.

No debe trabajarse con la azada cerca de las zanahorias. No conviene aflojar la tierra a su alrededor y todavía menos cortar las zanahorias. El desherbado entre las hileras se hace con la azada pero en ellas sólo a mano. No debe dejarse que se seque el bancal. Cuando hay que regar debe hacerse a fondo si el agua penetra en profundidad, la siguen las zanahorias. No sirve de nada regar sólo la superficie.

Plagas y enfermedades:
Mosca de la zanahoria: Deposita sus huevos sobre las zanahorias; las larvas penetran en la raíz y destruyen los frutos. Se parece a una mosca doméstica pequeña; lo más probable es que no se la vea, pero sí se advierte que las hojas de la planta se tornan de rojo oscuro debido a los daños producidos en las raíces. Para alejarlas se pone una cobertura de hollín o se riega con una mezcla prepa­rada con 30 ce de parafina en 4.5 1 de agua. Otra posibilidad es mezclar 0.6 1 de parafina con 36 litros de arena y aplicarlo a la base de las plantas. Si la plaga es intensa hay que repetir la aplica­ción cada dos semanas, y después de cada chubasco si se trata de hollín. En caso de invasión masiva, se hace una cava profunda a finales del otoño de modo que los pájaros puedan dar cuenta de las larvas que hay en el suelo. En un huerto orgánico existen multitud de escarabajos que devoran en gran cantidad los huevos de estas larvas antes de su eclosión.
Mal de la zanahoria: Llega a ser grave en los huertos tratados con abonos inorgánicos pero es muy poco probable que ataque a uno orgánico. Sobre las raíces aparecen manchas marrones y al final aparecen en la superficie diminutas esporas rojas; son las del mice­lio causante de la enfermedad. Hay que quemar todas las raíces enfermas y echar en el suelo infectado dos partes de azufre con una de cal, así como no volver a plantar zanahorias por lo menos en cinco años.

Recolección y almacenamiento:

Si se arrancan las zanahorias de los surcos al azar, se atrae a la mosca de la zanahoria. Por eso, cuando se las coge en verano para consumo en fresco debe comenzarse por uno de los extremos de la hilera. Las de temporada, para conservación durante el invierno, se dejan en el terreno hasta bien entrada esta estación. En los climas fríos, hay que extraerlas antes de que el suelo se endurezca dema­siado y almacenarlas de modo que no se toquen entre sí, elimina­das primero las hojas. Si se ha producido una invasión de la mosca conviene levantar toda la cosecha lo antes posible. Las larvas son incapaces entonces de pasar al estado de pupa y de producir una nueva generación de moscas. Si se dejan las zanahorias demasiado tiempo en el suelo cuando hace tiempo húmedo, las raíces tienden a rajarse; al hacer la recogida hay que tener cuidado en la operación. Toda aquella que esté dañada debe consumirse acto seguido, no almacenarse con las otras. Por otra parte, hay que recordar que, si se las lava antes de guardarlas, se pudrirán de modo inevitable. Deben guardarse en un lugar fresco y bien ventilado; lo mejor es unos pocos grados por encima del punto de congelación. No deben guardarse año tras año en el mismo recinto pues aparecerían las enfermedades de modo gradual. Lo mejor es hacerlo con arena o turba. Se usa una gran variedad de recipientes: cubos agujereados para permitir el paso del aire, un cajón viejo, un barril, el rincón de un cobertizo frío (pero cuidado con las ratas y los ratones) o incluso una caja enterrada al aire libre, con una tapa, paja por encima y tierra como recubrimiento. Si se tienen muchas zanaho­rias es conveniente ensilarlas.

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